Es un hecho que la producción
de Hollywood - si se acepta la generalización - deja bastante que desear en materia creativa y artística
(dejamos los negocios para un suplemento financiero).
Sin embargo, a veces aparecen
perlas que sobresalen un
poco de la mediocridad imperante (la excepción que confirma la regla,
digamos).
Es el caso de El director
chiflado, una comedia
autorreferencial sobre la industria cinematográfica de Hollywood, que
entretiene, a veces con ingenio, y logra lo básico para este género:
hacer reír al espectador.
Bobby Bowfinger (Steve Martin)
es un director under que ha conseguido el guión de su vida pero carece
de recursos para filmarlo. Como no quiere (ni puede) dejar pasar esta
oportunidad, ideará mil
artilugios para poder rodar su película. Entre ellos, filmará al galán
del momento sin que este se entere, con lo cual se ahorrará varios
millones de dólares que ni siquiera tiene.
Un acierto del guión es la
parodia a gran parte de la fauna del star system.
Bowfinger es el director
soberbio para el que los actores no cuentan, sólo cuenta su película.
Daisy (Heather Graham) es
la clásica aspirante a estrella que pasa de cama en cama, desde técnicos
a productores, hasta llegar a la cima.
Kit Ramsey (Edy Murphy) es el
principal galán de Hollywood con su ego, sus millones y su paranoia
contra productores, colegas y cualquier cosa que haga tambalear su
podio.
Edy Murphy - superior que en
la olvidable Telegurú - tendrá la responsabilidad de otro papel: el de
Jiff Ramsey, el hermano tímido
de Kit, introvertido y con pocas ganas de actuar.
Carol (Christine Baranski) será
la diva en descenso, a la que ya sólo le quedan los recuerdos de la
fama.
Todos, incluso el todopoderoso
galán, terminarán rodando el filme, no sin antes agregar dislates al
de por si alocado firmamento de Hollywood.
Gustavo Camps
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