El
Cubo es un filme alegórico. Podría pensarse que el desarrollo de este
género (en rigor, cabe la pregunta sobre si verdaderamente se trata de
un género cinematográfico) resulta menos complejo que el de géneros más
convencionales (una comedia
o un thriller, por ej.) en razón de la vaguedad intrínseca y la escasa
necesidad de consistencia narrativa, propios de la alegoría. No es así
y queda demostrado en este filme.
En
El Cubo Natali nos propone una sociedad cuyo motor es el poder, donde
obviamente se impone el más fuerte. Seis son los personajes que la
representan: un policía, una estudiante, una doctora, un arquitecto, un
ladrón y un idiota (¿será el ciudadano común?).

El director
Están
atrapados en un conjunto de cámaras cerradas y cúbicas, que poseen
trampas listas para matarlos, si entran en ellas a destiempo. El
transcurrir del tiempo también les juega en contra, por la falta de
elementos vitales para la subsistencia (comida, agua).
A
esta altura de la historia del hombre (y del cine) queda rápidamente al
descubierto que el capital alegórico que invierte Natali en este filme
es escaso, es decir, a fuerza de estereotipos se hacen fácilmente
reconocibles las aristas reales de la tragedia que esconde la simbología
de El Cubo. Esto le resta eficacia al filme.
Un
policía fascista, una doctora protectora, un arquitecto poco confiable,
un idiota indefenso (que además sabe hacer cálculos como Dustin
Hoffman en Rain Man). Deben resolver el problema - encontrar la salida -
en conjunto.
Todos
estos estereotipos con poco para descifrar (la referencia a Chile y la
represión, en una escena, resulta fatua, por lo obvia) también atentan
contra un filme cuyo planteo necesita de cierto vuelo para mantener el
interés del espectador. Justo es decir que el
ritmo que Natali le imprime a la acción logra la atención.
El
director Vincenzo Natali ha dicho con relación a El Cubo: “Desde el
comienzo, aún en los pasos conceptuales, Cube a pesar de su aparente
simpleza estaba enmarcada en una verdadera complejidad”.
Justamente
esa complejidad - la de la sociedad, si seguimos la alegoría - es la
que el filme no termina de construir.
También
hay que reconocer que las actuaciones - todas en registro dramático -
son de tal intensidad que sostienen al filme hasta el final.
Gustavo
Camps
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