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EL CORONEL NO TIENE QUIEN LE ESCRIBA


El coronel no tiene quien le escriba
1999, Color, 118´
México, España, Francia
Dirección: Arturo Ripstein
Guión: Paz Alicia Garcíadiego, sobre la novela homónima de Gabriel García Márquez
Montaje: Fernando Pardo
Música: David Mansfield
Fotografía: Guillermo Granillo
Vestuario: Guadalupe Sánchez
Elenco: Fernando Luján, Marisa Paredes, Salma Hayek, Ernesto Yañez, Rafael Inclan, Odiseo Bichir...


Un espectador distraído podría pensar que el ritmo de este logrado filme no es el adecuado.

Pero es que la cámara de Arturo Ripstein - más allá de su característica virtuosidad para expresar atmósferas - descarta las acciones vanas, para ocuparse a fondo en los protagonistas principales.

La cámara lo hará con movimientos sutiles, con imágenes que retratan, ante todo, la digna fragilidad del coronel y su esposa Lola.

Son las imágenes de ambos en la cocina de la casa conversando, de él parado en el muelle esperando el correo que nunca llega, de ella bordando en la cama junto a él (por citar algunas secuencias) lo que nos muestra esa fragilidad que de tan digna transmuta en fortaleza.

Por eso el ritmo apacible y natural del filme también se siente ante las páginas del libro de García Márquez, aunque (algo evidente para quien leyó la obra) el guión es una adaptación libre de la guionista Garcíadiego.

“Pocas veces me había enfrentado a un trabajo tan suave” ha dicho Garcíadiego con relación a su tarea. Esto se siente porque los dos personajes son tan dignamente frágiles que necesitan ser tratados con suavidad. Necesitan ser protegidos.

La manera de  construir a los personajes también puede producir cierto extrañamiento pues sin duda desencajan en el mundo utilitario y cínico con el que estamos acostumbrados a lidiar. 

El director Arturo Ripstein ha dicho que esta historia “como la cebolla, tiene tres estadios”. El primero se corresponde con la historia de un hombre agobiado por el hambre y la burocracia, el segundo es la historia de un amor recatado prudente y sereno; por último,  el tercero corresponde al del poseedor de una utopía a quien le han arrebatado el mundo al que pertenecía, con reglas y valores inevitablemente perdidos en su presente.

Agregaremos que hay un tema abarcador y es el de la dignidad. La dignidad de un hombre y una mujer decentes por sobre todas las cosas, sin el menor atisbo de que conveniencia alguna atenúe esa dignidad insobornable. Por eso son fuertes y fortísimos aun empobrecidos, avejentados y golpeados por la vida (el único hijo de ambos ha sido asesinado). Les falta la comida pero no piden ni  aceptan que les den.

Tienen un gallo de riña, legado de su hijo, al que cuidan más que a ellos mismos. Con él comparten la miseria.

Viernes tras viernes, durante veintitantos años,  el coronel espera su cheque de pensión, parado en el muelle, pero la lancha con el correo nunca lo trae. Nunca lo traerá. Pero él sigue allí viernes tras viernes. Esa es la historia.

Gustavo Camps

 

 
 

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