Durante
el último festival de cine de Bs. As esta comedia llamó la atención
de la crítica de manera absolutamente justificada y finalmente se llevó
un premio especial de la organización católica de cine (OCIC).
Londres, Valladolid, también habían
premiado la película, el guión y a la primera actriz, Linda
Bassett (además, coprotagonista de la obra de teatro homónima).
El
tema que trata EL casamiento es la intolerancia cultural.
Los hechos ocurren en una familia de trabajadores que vive en
Salford (Inglaterra) a principios de los setenta. George – el
personaje que genera la acción – está casado con Ella (L. Bassett),
y tienen siete hijos.
El
es un paquistaní orgulloso de su origen y tiene la convicción de que
sus hijos sigan la tradición. Para lograr esto no escatima esfuerzos
(la violencia incluida) ni acepta terceras opiniones.
Ella
es inglesa, liberal y mundana, quiere a su marido, pero tampoco acepta
condiciones a la hora de velar por la felicidad de sus hijos; estos se
sienten más ingleses que paquistaníes – en definitiva, nacieron en
la isla - y el conflicto
estalla cuando George se da cuenta de que sus preceptos (circuncisiones,
casamientos arreglados, religión) son uno a uno eludidos por los jóvenes,
en connivencia con mamá.
Aunque
se trata de su opera prima Damien O´Donnell demuestra que es capaz de
manejar con excelencia los elementos de la comedia y sobrellevar
con eficacia la tensión humor-realismo que caracteriza a su puesta.
Las
risas que provocan las situaciones en las que se embarca la familia
siempre encierran una reflexión; la sátira aguda nunca cruza la raya
hacia la farsa y las escenas con voltaje dramático permiten guardar
distancia para no caer en la emoción fácil.
Con
su tiranía y su violencia, el personaje de George está tan bien
construido (la actuación de O. Puri es excelente) que despierta afecto
sin necesidad de justificación o comprensión; lo mismo ocurre con la
caracterización de Ella, independiente (el cigarrillo que siempre la
acompaña es militante) y con
el ánimo lo suficientemente indócil como para poner hasta el cuerpo
(literalmente) a la hora de defender a sus hijos.
El
contexto en el que se desarrolla la historia también está bien
logrado. El barrio obrero de Salford con sus uniformes casas de
ladrillos, las xenofobias de los vecinos ingleses, los chicos nativos e
inmigrantes compartiendo los juegos en las calles, el inglés lunfardo
de todos por igual.
Por
último, el planteo cinematográfico del final es impecable, como si el
director nos dijera: “a buen entendedor pocas imágenes”. Cuando
todo ha sido planteado, todo ha sucedido y ya nada es igual en la
familia, George y Ella, como cada mañana, abrirán su típico negocio
inglés de pescado, y se dispondrán a trabajar.
No hace falta más (sólo ir a verla).
Gustavo
Camps
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