A
diferencia del reciente trabajo sobre el holocausto producido por
Spielberg (The last days) donde se exagera el patriotismo (con relación
a los EEUU) y se expone innecesariamente a los sobrevivientes, el
equilibrado documental de Ziok - carente aquellos excesos superfluos -
cumple dos objetivos: da información sobre la vida del comediante judío
Kurt Gerron y confronta a los alemanes con el pasado nazi.
Kurt
Gerron, un exitoso aunque malogrado actor y director alemán que terminó
sus días en un campo de exterminio.
Gerron
comenzó su ascenso en 1928. Actuó en la Opera de tres centavos, de
Brecht, y obtuvo el papel de mago en la recordada película
El angel azul, con
Merlene Dietrich.
Era
un ídolo para el público pero uno de los entrevistados que lo trató
revela frente a la cámara: ”tenía una personalidad infranqueable”.
En
1933 los nazi llegaron al poder, por
lo que dos años más tarde debió emigrar a Holanda.
El
éxito le sirvirá de poco pues desde Amsterdam lo deportan al campo de
Theresienstadt, en Checoslovaquia, donde tras un periodo de tensa
tranquilidad - en el cual llegó a filmar para los nazi bajo promesas de
supervivencia - será llevado a Auschwitz.
Es
de resaltar la atmósfera que logra la directora con los entrevistados,
a partir de escenarios con luces tenues y cámaras muy cercanas
(primeros y primerísimos primeros planos)
Además
de testimonios de sobrevivientes y compañeros de Gerron, Ziok utilizó
para su documental material fotográfico, filmaciones y canciones, estas
últimas con la finalidad de acompañar la emotividad de algunos
momentos del relato. El resultado es un desarrollo sin excesos con un
final que llega justo en el momento que se espera y donde si se apela a
la emoción en dosis alta.
Gustavo
Camps
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