Lo
peor que le podemos hacer a este filme es compararlo con Sexto sentido,
de Night
Shyamalan, más allá de que la anécdota coincide en que hay un niño
con poderes para ver fantasmas y las ánimas se aparecen para reclamar
atención.
Ecos
mortales es un buen filme fantástico, de horror, que no abusa de los
efectos especiales, es poco previsible - varias tomas hacen saltar del
asiento - pero no por esto
deja de jugar con el verosímil
del género para que el público,
que goza haciéndolo, maquine sobre lo que ocurrirá. Varias veces la cámara
del director David Koepp -
guionista de Jurassic Park y Misión: Imposible, entre otros - se posa
sobre objetos o remarca una acción (una uña que se quiebra,
una navaja) que será decisiva en otro momento del filme.
Narrar con imágenes, de eso se trata.
La
película no se reciente aunque un par de diálogos y escenas resulten
un poco forzados. Nos referimos a las explicaciones científicas sobre
la hipnosis que hace Lisa (I. Douglas, buena actriz); el paseo poco
probable de Jake (Z. David Cope) y su mamá (Kathryn) por el cementerio,
y la elipsis exagerada cuando Tom (K. Bacon), el papá de Jake, corre
desde la puerta de un estadio repleto de gente hasta su casa y aunque
estos lugares están alejados parece
como si el personaje recorriera sólo unos metros.
Una
perla para los argentinos: la escena en la que un personaje
absolutamente secundario, Clarita, maldice en perfecto porteño cuando
debe retirarse abruptamente de la casa de su amiga Lisa.
Se
ha dicho varias veces que los miedos de una sociedad se reflejan en el
cine de horror. Ecos mortales es un ejemplo. En dos oportunidades, al
menos, se escucha decir enfáticamente a un personaje: “este es un
barrio de gente decente” y, justamente, los fantasmas que aparecen en
este barrio clase media, de Chicago, reclaman por el comportamiento
impropio de unos vecinos. Los fantasmas reclaman por la seguridad
perdida. Cualquier similitud con la inseguridad de vivir en las
amenazantes ciudades contemporáneas no es en absoluto coincidencia.
Gustavo
Camps
*
En los últimos cincuenta años Richard Matheson se ha destacado como
novelista y guionista. Llamó
por primera vez la atención en Hollywood cuando escribió el guión
para The lncredible Shrinking Man, protagonizada por Grant Williams en
1957. También es responsable de varios episodios memorables de la
original Dimensión Desconocida (The Twilight Zone), y escribió la
novela en la que se basó el filme Reto a muerte (Duel), largometraje
que impulsó la carrera del director Steven Spielberg.
G.C.
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