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DULCE Y MELANCOLICO - Sweet and lowdown


Dulce y melancolicoTemas musicales de la película

1999, color, 95´, EEUU
Dirección y guión: Woody Allen
Montaje: Alisa Lepselter
Música: Dick Himan
Fotografía: Zhao Fei
Dirección de arte: Tom Warren
Diseñador de producción: Santo Loquasto
Vestuario: Laura Cunningham Bauer

Elenco: Sean Penn, Samantha Morton, Uma Thurman, Brian Markinson, Anthony LaPaaglia, Gretchen Mol, James Urbaniak, John Waters

Los músicos: Howard Alden (solo de guitarra), Bucky Pizzarelli (guitarra rítmica), Ken Peplowski (clarinete), Kelly Friesen (contrabajo), Ted Sommer (percusión)
Intérpretes adicionales: Dick Hyman (piano), Joel Helleny (trombón), Byron Stripling y Joe Wilder (trompetas), Jerome Richardson y Chuck Wilson (saxofones)


Emmet Ray es uno y todos los músicos de jazz de la década del treinta. Confía en la guitarra más que en nadie y pese a su egoísmo y su vanidad - una coraza para su inseguridad - en el fondo se siente muy, muy sólo. Admirado, proxeneta (como varios jazzistas), cruel, despilfarrador, inconstante, solitario; no existió (ni existirá) un personaje con todas las características de Ray, pero cada jazzista de aquella década tiene un poco de Emmet Ray.

El filme de Woddy Allen es, precisamente, un homenaje a  la música que le apasiona y también a sus ejecutantes.

La combinación de  formatos que utiliza para narrar esta historia es perfecta: documental y comedia.

En tanto se trata de un músico ficticio y es un buen camino darle la mayor verosimilitud a la narración, incluye declaraciones a la manera de un ducumental. Así, escucharemos  a reconocidos aficionados al jazz – el crítico Nat Hentoff, el escritor y director Douglas McGrath, el propio Allen – aportando anécdotas sobre Ray que en algunos casos, por supuesto, hasta se contradicen.

Allen es un amigo del jazz y entre amigos no corre la solemnidad. La comedia, entonces – género especial para dar por tierra con la pomposidad – resulta la mejor manera de mostrar retazos de  la vida de Emmet Ray.

El protagónico de Sean Penn, como Ray, es excelente. También lo es el trabajo de  Samantha Morton,  Hattie,  una de las parejas de Ray,  que sin diálogos - porque es muda en la ficción - debe resolver la actuación con la mirada y el gesto de la cara.

El guitarrista Howard Alden ejecuta la música de Ray. La banda de sonido incluye grabaciones originales de los guitarristas Eddie lang, Django Reinhard (en el filme es un héroe para Emmet y el único que le hace sombra) y del violinista Joe Venuti; todos intérpretes del treinta.

Dulce y melancólico es una fábula menor pero bien armada de la producción de Allen. De a ratos tiene las pinceladas de genialidad del reconocido director, pero en el fondo resulta más importante como ofrenda musical al jazz que como aporte a su filmografía. Woody Allen ama al jazz, y la razón es suficiente para disfrutar con esta historia y como él, de la música.

Gustavo Camps


LA MUSICA SUSTENTA ESTA REALIZACION

La película de Woody Allen (Allen Stewart Koninsberg, tal su verdadero nombre) está estructurada como un documental amañado (con falsedad) que al unísono evoca la existencia de cientos de guitarristas anónimos que existieron.

El propio Allen y Ben Duncan se interpretan a ellos mismos. Sumados a otros actores que asumen el rol de biógrafos relatan, mirando a cámara y en primer plano, fragmentos de la vida de Emmet Ray (que nunca existió), un famoso guitarrista de jazz que en los años treinta dominó por completo la ejecución de su instrumento.

Dulce y melancolico
Emmet en su salsa, mejor dicho, en su jazz

La narración se realiza a través de mini racontos.

E. Ray somete sus actos a la noción de artista, es decir, sublima su energía a dicha noción (transferencia en psicoanálisis). Así, justifica sus actitudes arbitrarias: elimina ratas con una pistola, toma alcohol en exceso, no cumple los contratos.

E. Ray se divierte y se emociona al ver pasar trenes sentado al costado de las vías del ferrocarril; necesita a las mujeres pero no admite enamorarse – por último – admira hasta la inhibición a Django Reinhardt, el famoso guitarrista del Quinteto Hot Blues de París (aquí cabe preguntarse por qué con Reinhardt y no con Oscar Alemán).

Woody Allen afirmó una vez que todavía no había filmado su obra maestra. Es indudable que tampoco esta vez lo hizo.

En Dulce y melancólico Allen recurre a la circularidad de espacios y a conductas paradigmáticas, lo cual le resta intensidad  al crecimiento dramático del filme, pues la tensión se concentra en un solo personaje: el guitarrista E. Ray.

Recordemos que en Zelig este mismo esquema resultaba más firme y convincente. Celebrity (su anterior filme visto en la Argentina) estaba más equilibrado pues proponía una construcción coral.

En cuanto a los actores, Sean Penn – con sus movimientos y sus tics – remeda a Robert De Niro en Fuga a medianoche (de Martin Brest). Por su parte, Samantha Morton recuerda a Mia Farrow en La Rosa púrpura del Cairo (de W. Allen).

Ambos cumplen con solvencia sus papeles, lo mismo que U. Thurman y A. LaPaglia.

Dulce y melancólico es una película menor, toda vez que entendamos este vocablo en la justa dimensión del cine de W. Allen.

La música es excelente y en gran medida es el superior sustento de la realización.

Raúl Valls


UN FILME PARA GOZAR

Parecería ser que la imaginación de Woody Allen es inagotable. Más de una vez se ha escuchado decir, como desvalorizando su obra, que solo sabe de si. Pero  muchas veces intenta engañarnos.

Esta es la  historia de un personaje ficticio, genial guitarrista de jazz, que tiene la desgraciada suerte de conocer y escuchar a Django Reinhardt, el número uno de los guitarristas.

El personaje interpretado magistralmente por Sean Penn (Emmet Ray) se desliza por la vida barranca abajo pues se siente inferior. Esta situación casi lo anula y lo reprime: saberse segundón de algún otro, es para  nuestro héroe su estigma.

Pero Woody Allen no se queda en el mero relato, el filme aparece estructurado como un gran documental, cuya finalidad es saber qué paso realmente con Emmet Ray. Varias hipótesis y ninguna conclusión.

En segundo lugar se podría inferir, sabiendo que el director es fanático del jazz, que todo el filme es un gran homenaje al guitarrista francés Django Reinhardt.

Dulce y melancolico
La guitarra y Emmet Ray, inseparables

En otro orden y tomando como variable al mismísimo  director, se podría suponer que el personaje interpretado por Sean Penn es W. Allen en su relación con otros grandes directores como Ingman  Bergman o Akira Kurosawa.

Merecen un párrafo aparte los personajes que rodean a Emmet Desde la amante muda,  la esposa infiel, los amigos, hasta los mafiosos, tienen desde el guión una descripción perfecta y están sustentados por muy buenas actuaciones.

Este film tendrá infinidad de variables para ser leído, pero en principio está para gozar.

Lic. Héctor Hochman

 

 
 

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