Los directores iraníes que hemos podido
ver en nuestro país, la Argentina - han demostrado que se puede hacer buen cine en el
desierto, sin necesidad de efectos especiales, peroratas, ni complicadas historias.
En el caso de Detrás de los olivos,
van más lejos: en la ficción de la pantalla los personajes actúan de si mismos (salvo
el director, pues el filme es autoreferencial).
Lo complejo está en el ser humano no en
las películas, parece que nos dijeran en sus filmes.
"Creo que la técnica sólo por la
técnica es una gran mentira ya que no responde a sentimientos y necesidades reales"
sostuvo Kiarostami a la revista iraní Film.
Detrás de los olivos es una historia
de amor.
El joven Hossein ama a Tahereh, pero esta
lo rechaza pues él es analfabeto y no tiene casa. Hossein intuye que en el fondo Tahereh
lo aceptaría, pero está presionada por su abuela y el contexto.
El pueblo donde viven fue devastado por un
terremoto. Un equipo de filmación llega al lugar para realizar un filme sobre lo
acontecido.
El destino (cuándo no) les tiene preparada
una jugada: el director los elige para hacer el protagónico de la pareja del filme.
Hossein aprovechará la proximidad con
Taherek para que esta le confiese lo que realmente piensa.
Detrás de los olivos muestra las
costumbres de este pueblito, el de Hossein y Taherek, su situación después del
terremoto.
No hay un sólo plano cercano que nos
induzca a la catarsis: no hay demagogia.
Termino con unas palabras de Kiarostami los
actores y los diálogos: " los héroes de mis historias quizás no sepan que el
diálogo utilizado en las películas es de ellos mismos (...) cuando conoces a estas
personas y sabes escuchar, encontrar el diálogo adecuado no es difícil. Yo escribí el
dialogo pero les pertenece a ellos".
De más está decirlo: a no
perdérsela.
Gustavo Camps
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