Eric Rohmer (79
años) es un maestro del cine. Sus filmes no solamente son excelentes,
también son pedagógicos. Curiosamente - porque a cuantos políticos o
periodistas descalificamos por pedagógicos - esta cualidad no le sienta
mal a sus películas. ¿Cómo se trasluce esa pedagogía? En cada plano
secuencia, cada conversación, cada información, siempre funcionales al
relato pero nunca forzadas en lo más mínimo - justamente lo contrario
- un párrafo dicho al pasar, una situación de lo más superficial,
finalmente terminan por ser cruciales para la narración.
La historia
de Cuentos de Otoño se estructura sobre tres o cuatro cuestiones
principales: el azar, la necesidad, la confabulación, la
voluntad.
Magalí
(Beatrice Romand) es una mujer de cuarenta y pico que quiere una pareja
pero no la busca. Vive feliz y sin compromisos en el campo. Su mejor
amiga Isabelle (Marie Riviere), contra lo que Magalí haría, coloca un
aviso en un diario de citas y ella misma capea la situación con el
candidato (Alain Libolt).
La
confabulación de Isabelle la confrontará con su propio matrimonio,
pues en definitiva es a ella a quien el candidato le ha parecido
atractivo. Magalí aun no lo conoce. Ella no es tan pragmática como
Isabelle, una cita a través del diario le parece aberrante, prefiere el
azar al encuentro programado.
Rosine
(Alexia Portal), una jovencita que flirtea con el hijo de Magalí, le
presentará a su profesor de filosofía. Con la situación de Rosine
entra a jugar una cuestión trabajada anteriormente por Rohmer. Se trata
de la mentira (por ej. Las noches de plenilunio, 1984). Rosine ha sido
amante de su profesor y en la actualidad lo ve con menor frecuencia pero
lo ve. Más que ayudar a Magalí, Rosine busca apartarse de su amante
(una relación conflictiva) y la campesina madura y atractiva es un
instrumento ideal.
El lugar
donde todo confluye - y el filme concluye - es la fiesta de bodas de la
hija de Isabelle.
Allí Rosine
la juntará con su profesor. Isabelle hará pasar a Libolt por un amigo
para que se acerque a Magalí, y además bailará con su marido y se
emocionará.
¿Emoción
alegre la de Isabelle, por su hija que se casa, o triste por el
candidato que ya no la cortejará?. Otra de las puntas que nos ofrece el
filme de Rohmer.
Cuentos de
Otoño recibió el premio al mejor guión (también escrito por el
director) en el festival de Venecia de 1998.
Gustavo
Camps
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