Este
filme se sitúa en la época posterior al acuerdo de paz de fines de
1995, en Dayton, que puso fin a la guerra de Bosnia.
A
través de civiles – ellos evocan el escenario de la guerra en clave
cotidiana - narra la
violencia, perversidad y descontrol
de la sociedad balcánica de postguerra.
El
director Goran Paskaljevic (La otra América) logra construir una alegoría
del horror en tono realista. Es grandilocuente con una contundencia
terminante.
Consigue
un registro actoral sólido y utiliza la escena como plano secuencia.
Dichas secuencias testimoniales se ven reunidas a través del personaje
del taxista (Nebojsa Glogovac) que establece una línea conductora.
Raúl
Valls
NO
LOS UNE EL AMOR
El
filme de Goran Paskaljevic tiene un guión que no desperdicia un centímetro
de cinta en imágenes superfluas, pero además, el abanico de puestas en
escena y la intensidad del color están en función de lo que el
director quiere mostrar y logra con creces: la violencia de postguerra
en los balcanes cotidanos, la violencia enquistada en cada habitante de
carne y hueso.
Bure
Baruta es un filme coral; un mosaico
que muestra a jóvenes, ancianos, hombres, mujeres,
intelectuales, delincuentes, honestos, deshonestos,
ciudadanos y refugiados, dramáticamente unidos por la violencia.
Como
a los personajes del poema Buenos Aires (Jorge Luis Borges) a estos
seres no los une el amor sino el espanto.
Así
planteada, la película encierra una tensión: por un lado la violencia
unificadora, por el otro, la diversidad de las experiencias humanas.
Pskaljevic resuelve esto con creatividad: un estilo diferente para cada
puesta en escena sobre la violencia omnipresente. El sadismo, entonces,
impregnará las escenas de los boxeadores y del taxista en el bar; la
ironía sostendrá el cuadro romántico y el del joven en el colectivo;
el realismo, la escena de los vecinos y el ladrón de automóviles.
Para
finalizar diremos que todo el filme de Paskaljevic transcurre en la
noche, triste pero
impecable alegoría que representa un lugar sumido desde hace tiempo en
una bélica oscuridad, pero que
a juzgar por el empeño del director serbio, intenta encontrar
una grieta por donde se filtre un poco de luz.
El
contundente filme de Paskaljevic – en síntesis – busca una salida.
Gustavo Camps
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