Caja
China es una historia de amor: hacia una ciudad, un país que va a dejar
de ser, una mujer imposible, la adolescencia perdida, el propio deseo.
Y
es precisamente ese amor lo que conlleva una alta dosis de sufrimiento,
de pérdida. El costo de vivir una pasión en la que se puede llegar a
arriesgar la propia vida.
En
este universo revuelto,
tumultuoso, anclado en “lo que no fue” es que Wayne Wang construye
su relato y arroja sus personajes para enfrentarlos con el vacío de una
existencia que está llegando a su fin, en algunos casos para recomenzar
en otro lugar y bajo otras circunstancias.
Hong
Kong se erige como el emblema de un mundo que está cambiando, ya que el
relato se funda en los días del traspaso a las autoridades chinas, lo
que marcará el fin de una era. Es en ese momento donde cruzan sus vidas
los tres personajes principales: John, Vivian y Jean. Ninguno será el
mismo luego de que el azar o
el deseo los una, para ganar o para perder.
Quizás
la complejidad del mundo creado por el guionista Jean Claude Carriere es
lo que dificulta la dirección del relato, la película parece un buen
germen de distintas historias, pero se debilita en la bifurcación de la
trama. No hay un elemento aglutinante
que haga centro en la historia. Sin embargo Wang aporta como
siempre imágenes muy bellas y llenas de sentido: la ciudad que cae, un
pez que está agonizando, la cara transfigurada de Jean en el video.
Aporte fundamental del excelente tratamiento de
la imagen es la fotografía de Filac, habitual colaborador de
Kusturica, que realiza un gran trabajo.
Jeremy
Irons y Gong Li (John y Vivian) enfrentan el mundo de sus criaturas con
pequeños gestos que reflejan los sentimientos contenidos, la
incapacidad para transmitir los designios del corazón, sin llegar a
deslumbrar, consiguen reflejar el camino que va de la oscuridad a la luz
de sus personajes. Es quizás en la excelente actuación de Maggie
Cheung (Jean) donde se encuentra el punto más alto del rubro: su Jean
salvaje, mentirosa, herida y monstruosamente bella
es el papel más logrado.
Caja
China tiene un planteo interesante pero no es un filme parejo, quizás
el amor de Wang por Hong Kong haya sido su propia trampa: siempre es
imposible alejarse del objeto amado y ya se sabe que la extrema cercanía
nubla la vista.
Marcela
Barriopedro
NADA
ES PARA SIEMPRE
La
ciudad de Honk Kong, en los últimos seis meses de mandato británico,
es la excusa que utiliza el director (nacido en esta ciudad) para
relatar una historia de amor poco correspondido. John es un periodista
británico y Vivian una ex-prostituta, dueña de un bar con Karaoke, a
la cual su novio, que se ha posicionado en los lugares de poder del
nuevo gobierno que se avecina, la abandona.

Vivian (G. Li) y
John (J. Irons), un amor complejo como la Hong Kong de fin de siglo
Esta
magnifica caja china que va abriendo compartimientos entre los
protagonistas e incluyendo personajes laterales con sus propias
historias, hace que el filme se torne atrapante.
Mas
el director no se queda conforme con la simple descripción de estas
historias y toma a la ciudad como un personaje más cuya propia historia
corre en paralelo a la relación de los protagonistas.
Con
guión del genial Jean Claude Carriere y un magnifico trabajo del
director de fotografía, Wayne Wang construye un filme bastante digno de
sus antecedentes.
Lic.
Héctor Hochman
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