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CHA CHA CHA


Ana Alvarez en Cha cha cha
1998, Color, España
Dirección: Antonio del Real
Guión: Fernando León y Carlos Asorey (colaboración: Antonio del Real)
Montaje: Miguel Angel Santamaría
Música: Pablo Miyar
Fotografía: Juan Amorós AEC
Vestuario: La Lagarta
Sonido directo: Juan Borrell
Dirección artística: Luis Valles
Elenco: Jorge Sanz, Eduardo Noriega, Ana Alvarez, María Adánez, Gabino Diego, Marta Belaustegui, Elisa Matilla


Cha-cha-cha es una comedia romántica y entretenida  cuyos temas principales son la mentira, la maquinación y la amistad.

Lucía (Ana Alvarez) es la amiga del alma de  María (María Adánez) aunque esto no le impedirá urdir una confabulación para atrapar a Pablo (Jorge Sanz), el novio de esta.

Busca un candidato profesional (un modelo de lo más guapo), Antonio (Eduardo Noriega),  y se lanza al ataque. ¿Hasta donde son capaces de llegar las mujeres cuando quieren conquistar a alguien? Lejos, nos enseña Antonio del Real. 

Pero en el mundo ya no hay sujetos, hay fuerzas en relación que pocas veces - si es que eso es posible (lo dudo) - tienen efectivamente el control. Tal vez sea esto lo que le da gusto a la vida.

La historia del cazador cazado ha sido contada varias veces en el cine, no obstante, la comedia de Antonio del Real se deja ver, tiene ritmo y busca la complicidad del público. 

Los protagonistas son jóvenes, por lo que sus acciones tienen mucho de ingenuidad.  

Cha-cha-cha no aburre y uno espera el final cantado sin impaciencia, porque no se intenta (vender) otra cosa,  que mostrar lo que se ve en la pantalla.

Gustavo Camps


BURLA A LA INTELIGENCIA

Hay películas que no merecen una línea de crítica. Entre ellas está Cha Cha Cha. Pero es posible fundamentar por qué no ameritan ese pequeño esfuerzo intelectual. Presuntamente, esta realización de Antonio del Real quiere hablarnos sobre la amistad, el amor y la traición entre la población de menos de 30 años pero mayores de 20. De allí que la historia se centre en una linda empleada de una agencia de castings, Lucía, y su amiga desde la niñez, María. Ambas comparten todo, salvo a Pablo, novio de María, que mira con avidez a Lucía pero trata de que su novia no se dé cuenta. Esta suele soñar con hombres muy diferentes al bajito de Pablo, hombres que Lucía, por su trabajo, suele ver en los castings y hasta contratar.

Una invitación a una fiesta de un hombre muy feo que busca novia trastocará la vida de las amigas, al menos en apariencia. María se va temprano a su casa y deja a Pablo el encargo de que cuide a Lucía que suele tomar demás. Al llevarla a su casa, Pablo cumple con lo que se supone: tener una relación sexual, producto de las copas, producto del deseo subyacente entre ambos, producto de la famosa “química”. Pero Pablo no abandona a María y Lucía, por su parte, ahora está convencida de que su amor es Pablo. Para que María se interese por otros hombres, Lucía contrata al modelo que a su amiga le gusta, el apuesto Antonio. Será manejado, en apariencia..., como un títere por Lucía, que le paga sus honorarios diarios con puntualidad. Para él es un trabajo el conquistar a María y estudia todo lo que a la joven la interesa, de acuerdo a las indicaciones de Lucía. Sin embargo, es Lucía la que está cayendo en una trampa, mientras va urdiendo la trampa, valga la redundancia, para María. Pablo, a pesar de que quiere a María, no deja de seducir a Lucía, Antonio está en la misma actitud supuestamente. Pero hete aquí que ambos son presentados por las chicas ¡y son amigos desde la infancia (la única escena “clave”), que hacía cuatro años que no se veían! ante el estupor de Lucía... ¿y el de María? Lucía, en su afán de que María demuestre que no lo quiere a Pablo, de que es capaz de caer en las redes de otro hombre, está dispuesta a enseñarle a Antonio hasta cómo usar un condón. Llegado a este punto, y cuando parece que María se convertirá en la “costurerita que dio el mal paso”, el film, que ha sido “desnutrido” de actuaciones valiosas de cualquier índole hasta ese momento, se torna más que tonto, pueril, insufrible. La chatura de la filmación es tan exasperante que, y esto sin duda, se puede afirmar que en la televisión hay realizaciones de mucha mayor envergadura. Plano y contraplano, primer plano del que habla, pase rápido a la cámara con primer plano del que escucha.  Y se terminó el talento cinematográfico. Sumemos a esto la artificiosa actuación de Eduardo Noriega, Ana Alvarez, María Adanes y Jorge Sanz, que casi no pueden pronunciar rápido una frase sin generar el temor, en el espectador, de que se van a trabar y decir cualquier cosa. ¡Y presintiendo que el director no se va a dar cuenta y lo va a dejar! Esto se llama vergüenza ajena. Es lo que deja en el espíritu “Cha Cha Cha”, un subproducto indigno de todas las pantallas, chicas y grandes.

Elsa Bragato

 

 
 

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