Aunque
carece de golpes bajos, declamaciones y no hay excesos en las
actuaciones, la opera prima de Rodolfo Durán – un cineasta que en su
momento asistió a Alejandro Doria, Eduardo Calcagno y Víctor Laplace
– es un filme
narrativo y lineal, con escasos momentos decisivos.
Cerca
de la frontera es la historia de un periodista (C. Gallardou, Esteban en
la ficción) que se esconde en el límite norte argentino, al ser
amenazado en los años de la última dictadura militar. Podría ser el
viaje de alguien - el periodista -
que le escapa a un amor no correspondido.
Por
último, podría ser la historia de un cura de frontera con ideas y prácticas
non sactas que termina como muchos durante los años de plomo.
Esteban
encuentra su departamento todo revuelto en plena dictadura y escapa
raudamente a Jujuy. Allí desea pero no puede cruzar la frontera debido
al celoso control militar. Ahora bien, finalmente no sólo cruzará
hacia Bolivia sino que volverá a Buenos Aires, sin que en el medio la
situación haya cambiado para justificar esa posibilidad.
Si
nuestro periodista escapa del amor de Graciela (P. Pourtale), ahora
novia de su jefe en la redacción en Buenos Aires,
el recogimiento le dura poco pues en la frontera se engancha rápidamente
con Marina (M. Suárez) una guerrillera que como él, busca refugio con
el cura Gabriel (U. Dumont). La escena del beso luego de la corrida
desde el prostíbulo infestado de gendarmes llega demasiado pronto, es
decir, está poco justificada como amor a primera vista.
La
otra narración nos presenta a un cura demasiado estereotipado –
cercano a los pobres, no practica el celibato – presa fácil y
oportuna para los represores.
El
resultado final de la puesta es un tanto monótono, con desequilibrios
(puntos críticos que promueven decisiones de los protagonistas) poco
acentuados. La sensación es que la trama carece de increscendo dramático,
algo esencial para que una película narrativa sostenga el interés
hasta el final.
Gustavo
Camps
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