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CELULOIDE


Celuloide
1995, Color, 110´, Italia
Dirección: Carlo Lizzani
Argumento: Ugo Pirro, Furio Scarpelli
Guión: Furio Scarpeli, Ugo Pirro, Carlo Lizzani
Montaje: Alberto Gallitti
Música: Manuel De Sica
Fotografía: Giorgio Di Battista
Vestuario: Luciano Sagoni
Elenco: Giancarlo Giannini, Masimo Ghini, Anna Falchi, Lina Sastri, Antonello Fassari, Massimo Dapporto, Christopher Walken


La película de Carlo Lizzani sobre la filmación de Roma, cittá aperta (Roma, ciudad abierta, 1944-45) es una épica y un homenaje a sus hacedores: el guionista Sergio Amidei, el director Roberto Rosellini y los actores Aldo fabrizi, Anna Magnani y María Michi, entre otros.

Roma, cittá aperta fue tomando forma desde antes de que los alemanes abandonaran Italia definitivamente en la segunda guerra; se filmó bajo las condiciones más apremiantes. La única seguridad con la que contó fue la fuerza de voluntad de un grupo de artistas dispuestos a filmar.

Por aquel entonces Lizzani escribía guiones y ensayos para la revista Cinema, uno de los pilares del neorrealismo italiano.

En Celuloide, la cámara de Lizzani y el guión de Pirro y Scarpelli  logran captar aquella fuerza.

Varios párrafos de ese guión, además, sirven para aprender unas cuantas verdades sobre el cine, los actores, los productores y el público. Son esos diálogos en los que los protagonistas largan al pasar frases como estas: “en el cine nada es seguro” (Rossellini), “en el cine todas quieren hacer de putas” (Michi), “los actores nunca decimos la verdad” (Magnani), “usted usa su inteligencia para ser estúpido” (Amidei al productor Pepino Amato). Son las escenas donde Rossellini, Amidei y Amato (que propiciaba una comedia para atraer multitudes) discuten sobre la película (leasé: el cine) que quieren.

El libro apela al detalle para reconstruir el contexto de la Roma de postguerra (azúcar, café, cigarrillos son poco menos que lujos, a veces, inalcanzables) y expone una aguda caracterización de cada uno de los personajes involucrados en el filme.

Así veremos a un Rossellini seductor, paciente y componedor; a un intransigente y solitario Amidei, también endurecido por la vida y seguramente por la guerra; a una Magnani apasionada pero atormentada por sus desencuentros amorosos; a un Fabrizi que se empeña en afirmar su profesión de comediante (llora al leer el guión de Roma...; “hay que ser valiente para hacer reír hoy en Roma” dice en otra escena); y por último,  a una joven e inexperta María Michi que lucha con uñas y dientes por tener aire al lado de una personalidad como la de Amidei, su pareja.

Lizzani incorporó en su filme trozos de la obra de Rossellini, practicó transposiciones de imágenes e insertó a personajes de su filme sobre planos de Roma cittá aperta. Esta exquisita composición realza la narración de Celuloide. Esas imágenes resultan doblemente exquisitas para quienes vieron el filme de Rossellini.

La escena en la que Rossellini y Amidei eligen a unos personajes entre los comensales del bar donde se reúnen a trabajar (un arquitecto, un  periodista) sintetiza la búsqueda del nuevo estilo que terminará en lo que conocemos como el neorrealismo italiano, una escuela con un lugar en la historia del cine.

Esto también deja documentado la excelente y emotiva película de Carlo Lizzani.

Gustavo Camps

 

 
 

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