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Gran
Bretaña
1999
94´
Dirección y guión: Lynne Ramsay
Fotografía: Alwin Kuchler
Escenografía: Jane Morton
Música: Rachel Portman
Elenco: William Eadie (James) / Tommy Flanaagan (Da) / Mandy Matthews
¿Cómo
escapar de un destino asfixiante? En esta época de escasos recursos para las políticas
sociales del estado es cuestión del azar ser elegido o excluido de
ellas. Todo parece recaer
en la arbitrariedad del humor del asistente social ocasional. Cuánto
poder para torcer destinos recae en la opinión de uno solo.
El
filme no se queda en la superficie, por el contrario, ahonda bien
en los conflictos y en las angustias pero también en los sueños
de los habitantes de un barrio marginal londinense, que esperan una
oportunidad para cambiar su horizonte.
Lo
asombroso es que aún al costo de convivir con la basura están
dispuestos a no traicionar su condición de clase.
A
pesar de todo, su moral permanece intacta. La miseria no los transforma
en pragmáticos, siguen siendo románticos a su manera.
La
muerte ronda en este territorio donde la legalidad la impone el más
fuerte. Es tanta la tensión en el interior de estas familias, que el
dolor por la perdida de uno de sus integrantes (en especial si es un niño)
agigantará acusaciones y reproches entre los sobrevivientes.
Uno
de ellos se transforma en explorador. Simplemente utiliza un transporte
público y descubre un mundo nuevo. Asomarse por la ventana de una casa
en construcción y ver a través de ella un campo sembrado de trigo. ¿Por
qué esta no puede ser mi casa? se preguntará. El director nos deja la
libertad de imaginar las emociones que pasan por esa criatura.
Parece
que nuestro sistema político
y económico sigue exigiendo rituales primitivos en los que se
sacrifican vidas inocentes para llegar a la felicidad del conjunto
social. Y eso ya debería ser considerado como inaceptable por todos
nosotros.
Armando
D´angelo
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