Filme
de la clausura del XV Festival Internacional de Cine de Mar del Plata
“
Deseaba recuperar algo que siempre
he defendido, y es que el cine debe ser ante todo una cámara puesta
frente a la realidad”
Bernardo
Bertolucci
Haber
tomado la decisión de programar este filme para la clausura del
Festival constituyó para los espectadores algo así como un acto
reparatorio, de salud, para sus ojos y espíritus maltrechos después de
soportar horas y horas de mediocridad en varias pantallas de las
diferentes salas.
Besieged es una
obra maravillosa y acogedora. Una historia de amor en la que sus
protagonistas se ven enfrentados a diferentes
circunstancias conflictivas íntimas y exteriores, relacionadas
con la moral y lo socio político, cuestiones que los presionan mucho en la
definición de sus destinos y
que el director incorpora como un testimonio veraz y objetivo de nuestra
contemporaneidad.
Bertolucci
es capaz de contarnos la historia con muy pocas palabras
y ser absolutamente comprensible y profundo en el mensaje. Logró
una asociación beneficiosa
y placentera entre la imagen y el texto. Y la dimensión que
transita es la de una suave atmósfera poética. A no inquietarse si en
el transcurso de la narración falta algún dato específico y formal .
A pesar de que no son extremadamente significativos luego se esclarecen
sutilmente.
Esta
parece ser la clave de la película, inferir: a partir de . . .
Lo
que nos propone es una participación un poco más activa como
espectadores.
Dos
continentes entrarán en contacto y lo harán visceralmente. Aquí es el
corazón el que manda. Son universos musicales y la emotividad que
llevan impresa los que se entremezclan (Mozart, Bach y Grieg) dialogan
con Papa Wemba y Salif Keita.
Tan
acostumbrados estamos a identificar a otras culturas como peligrosas
que Bernardo Bertolucci decide
recordarle al mundo occidental que desde otros territorios
ancestrales también llega
la belleza .
Parece
decirnos que su forma de sentir y relacionarse con la naturaleza los
ubica con la capacidad de ser los verdaderos relatores de la historia.
Los que son capaces de contener al resto de la humanidad .
Y
para ejemplificarlo crea un personaje anciano que bajo la sombra de un
árbol, añoso y saludable, hace su música y canta. Sus palabras no se
traducirán sino que se
explicarán por las imágenes.
Pero
no se trata de un dios, es tan sólo un clarividente, un testigo
privilegiado. Bertolluci será su intérprete.
Dos
culturas se relacionarán; una mujer
trae una resonancia musical y un infinito universo de luz que
refleja su piel y que le pertenecen desde siempre; un
hombre, en un momento muy expansivo de su vida,
le propone una nueva armonía, tan
sugestiva que a ella no le será indiferente.
Y
cómo no hacerlo si además de talento este amante fuera del tiempo
expresa en sus acciones concretas nobleza
y ausencia de especulación.
Para
esta clase de hombres y mujeres no existe la idea del costo de una
relación.
Si
nosotros como observadores externos vemos que renuncian
o se desprenden de algo, para ellos ese es un momento de
felicidad, la oportunidad de hacer una ofrenda a su amor.
Armando
D´angelo
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