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Cuando
me pregunto por qué he soñado tanto, y durante tantos años con
realizar Celuloide. Cuando me pregunto por qué he acabado por realizar
esta obra con tanta pasión, no encuentro, entre las numerosas
respuestas que me doy, más que una capaz de explicar al público el
sentido del filme: Celuloide es una historia de personajes vencedores.
La
película me ha transmitido - y espero que transmitirá a todos -
esa corriente de energía y optimismo que es el secreto de toda
gran aventura humana, de todo tiempo en todo lugar, en cualquier
esfera cultural.
En
el arte pero también en la ciencia, los descubrimientos, las
innovaciones, las creaciones, los inventos,
siempre se ha tenido que pagar un precio muy elevado para
pasar del estado de sueño a la realidad. En este sentido, la
realización de Roma Ciudad Abierta es una historia ejemplar.
En
1944, en Roma no sólo existían los problemas de una desastrosa
postguerra (aunque fuera endulzada por la recobrada libertad). No
solamente había una penuria de medios técnicos y dinero. Sobre
todo, existía esa aplastante confrontación con el cine
americano, por el cual el público estaba literalmente sediento e
invadía el 90 % de nuestras salas.
Nadie
en ese momento habría apostado una lira por el futuro de nuestro
cine.
El
desafío de Roberto Rosellini, Sergio Amidei, y
algunas personas que creyeron en ellos, evoca el legendario desafío
de David y Goliat.

Giannini
y Falchi, experiencia y belleza para el filme
Hay
que reconocer, sin embargo, que los protagonistas lo vivieron con mucha soltura,
humor e ironía.
El
suspense está en la apasionante
incertidumbre del filme: ¿¡conseguirán nuestros héroes realizar su sueño!?
Hoy
el mundo entero sabe que lo consiguieron y se puede ver la película como una
bonita fábula.
Mi
desafío fue completamente distinto: ¿¡cómo poner en escena a Anna Magnani,
Roberto Rosellini, Sergio Amidei, Peppino Amato, Aldo Fabrizzi!?
El
éxito obtenido por varios de mis filmes sobre personajes grandes y menos
grandes de la historia y de la crónica (de Musolini último acto a Banddos en
Milan, de proceso de Verona a II gobbo), que implica una cierta seguridad en el
arte del retrato, me ha ayudado a ganar (espero) esta apuesta tan peligrosa.
Carlo
Lizani
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