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NOTA DE BENOIT JACQUOT


“El vínculo sexual es la mejor manera de separar a dos personas”

Del director Benoit Jacquot sobre su filme La escuela de la carne

La escuela de la carne
Dominique y Quentin, unidos pero separados

La escuela de la carne se origina en dos deseos.

Primero el de Isabelle Huppert y el mío de hacer un filme juntos; un filme que se enfocara en ella, en el que, literalmente, fuera la columna vertebral. Un filme rodado a su alrededor.

A Isabelle le había gustado La Fille Seule (1995), una película que hice acerca de una actriz y su personaje y quería que hiciera algo similar. Por otro lado estaba el deseo de fabienne Vonier, que había distribuido mis anteriores filmes, de comenzar a producir. Me halagó que quisiera hacerlo produciendo uno de mis filmes.

Fue Fabienne quien nos dio La escuela de la carne, de Mishima, y sugirió que tal vez este libro podría ser el punto de partida que Isabelle y yo queríamos.

No conocía el libro. Había leído algo de Mishima pero nunca pensé en adaptar una de sus novelas para el cine.

Al principio La escuela de la carne me desconcertó. La fuerza del libro reside en el retrato que se hace de la mujer del Japón, post Segunda Guerra Mundial, pero no podía ver como trasladar la fuerza del libro aquí y ahora (en Francia).

Cuando lo leí nuevamente descubrí que detrás del mundo de esta mujer se abría un país al menos tan poderoso y más apasionado; el alma del trabajo de Mishima: la inversión, no solo sexual, sino la inversión de todo orden. Como, al cambiar el punto de partida de cada uno puede alcanzarse cierto tipo de verdad. Así que escribí unas treinta páginas estableciendo ciertos principios para la adaptación y pautas para algunas escenas. Inmediatamente solicité que fuera Jacques Fieschi quien escribiera guión.

Le di lo que había escrito y en algunas partes siguió mis pautas y en otras se alejó de ellas; era la primera vez que le dejaba las escritura de un guión a otra persona y tuve que reconocerme en lo que Jacques escribió, hasta que se convirtió en un punto de partida para mi.

Después de trasladar la historia de la novela a la Francia de hoy no quería dejar de incluir a Japón en la película y lo hice poniendo símbolos forzadamente, como una señal entre el receptor y el emisor.

Elegí un departamento algo sombrío para el personaje de Dominique, quien trabaja para un diseñador de ropa japonés; inserte caligrafía aquí y allá y rodé una escena en un restaurante japonés. También hay algo oriental acerca de Vincent Martínez. A veces parece un personaje de un filme de Oshima de los años 50 o un filme contemporáneo taiwanés.

Lo más fuerte del libro de Mishima – que es maravilloso – es que la mujer tiene el rol del hombre maduro y el joven interpreta a quien, en ocasiones, se define como mujer joven fatal.

Hay pequeñas señales de este cambio continuo: un nombre propio masculino para Dominique, que tiene cabello corto y solo usa pantalones. Pero lo más importante es que su destino es el mismo que el de muchos hombres en la ficción literaria o cinematográfica.

Dominique, retratada como alguien tan femenina como Isabelle, no podría verse como una amazona, no importa cuán cercanos están sus sentimientos de los de un hombre en sus cuarenta disfrutando la juventud, la belleza, y la violencia de una mujer joven que en este caso es un chico.

Así como Dominique es masculinizada por su posición en la vida, Quentín es femenino en la suya, sin ser afeminado en otra forma. Creo que (Quentín) es más que nada  heterosexual, pero la vida lo ha ubicado en un contexto femenino y homosexual que es para él la única manera de mejorar su situación: sabe que según su posición, un objeto echa luz a los ojos de los espectadores que lo ven. Eso es todo lo que sabe y como le dice a su madre, su vida ya es vieja. Lo más cruel es que, a su manera, Dominque saca ventaja de la situación y la usa para lograr algo que sólo le importa a ella. Y ciertamente saca algo de esto, pero ese algo es desastrozo para Quentín.

¿Qué es la intimidad, ese algo extraño y familiar a la vez? Ese es posiblemente el enigma que el filme trata de abordar. El momento de intimidad, que es tal vez un abismo, sólo puede mantenerse modestamente, por lo que no se dice más de lo que se dice, por lo que se esconde más de lo que se muestra. Desde sus principios, el cine es el arte de hacer esto: mostrar y esconder en el mismo movimiento.

Quería que en el filme todo ocurriera en un laberinto de gestos, palabras, miradas, un laberinto muy sexual, muy erótico y muy cercano a la cámara.

Sabía que los personajes de Isabelle Huppert y Vincent Martínez se rechazarían más que atraerse. La escuela de la carne esta formada por ecuaciones sentimentales mientras intenta evitar todo sentimentalismo. Los personajes del filme siguen sus emociones, todos tienen una grieta o cicatriz que reabren incesantemente porque están vivos. No están disueltos, no hay pensamientos o reflexiones en la historia, casi no hay conciencia. Son ciegos voluntariamente. Cuando Chris, el travesti interpretado por Vincent Lindon, dice: “soy una mujer, y al menos eso es lo que quería” podría estar diciendo: “Soy ciega, y al menos eso es lo que quería”.

La escuela de la carne es la historia de un amorío, y un amorío puede significar diferentes cosas pero está atado al vínculo sexual, así se lo enfrente o se lo evite.

Dominique y Quentín aprenden, a cierto costo para ellos, que el vínculo sexual es la mejor manera de separar a dos personas. Tomo tiempo aprender eso y una vez que la lección se ha aprendido se olvida rápidamente, afortunadamente, ya que no veo de qué otra forma podría ser. Pero de eso se trata la escuela de la carne, y creo que es lo que explica el filme. Pero lo que más me interesa es crear personajes que puedan ser personificados fielmente y que no puedan cuestionarse. Sólo Isabelle Huppert podía interpretar el papel de Dominique y sólo Vincent Mártinez pudo ser Quintín. A partir de allí los personajes están vivos y construyen el mundo del filme. Lo que significa que conocen ese mundo mejor que yo”.

Benoit Jacquot

 

 
 

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