Clim
y Bebe se aman desde
siempre. Se casarán a pesar de su juventud pero Bebe es acusado de
violación por un policía que lo acosa. Clim esta embarazada.
Con
este argumento Hollywood hubiera hecho una historia rosa con la
correspondiente serie de escollos sentimentales a sortear por los
protagonistas.
Pero
Guediguian es francés (marsellés exactamente) y su historia de amor -
nada más alejado de una novela rosa - dispara hacia cuestiones como el
contraste entre solidaridad y utilidad, afirmación de la vida y represión,
ideales y mercado.
A
todo corazón
presenta esa tensión que pocas realizaciones construyen eficazmente: la
voluntaria irrealidad del guión por un lado, y
por otro el realismo que los actores imprimen a la acción por
obra del director (la Argentina Mundo Grúa, de Pablo Trapero transita
por acá).
Pero
hay más.
El
tratamiento del tiempo de manera no lineal, a partir de un montaje que
lleva por diferentes momentos de la vida de los protagonistas. El
registro independiente de palabras e imágenes en algunas escenas. La
ausencia de acción destinada a conmover fácilmente. Sobre esto último
cabe aclarar que no es meramente por racismo que el policía acosa a
Bebe. Lo que hace reaccionar al agente es su imposibilidad para entrar
al mundo de estos jóvenes. No es el color de Bebe lo que provoca la
reaccionar, sino la actitud de Clim y Bebe, de ambos, hacia el
mundo.
Ellos
transitan planos distintos de existencia. Planos que no reconocen al
mercado como arbitro de la existencia. Planos donde la dignidad es un
dato no un valor negociable.
A
todo corazón es un buen filme y por eso corresponde también la
siguiente objeción: el viaje de la madre de Clim por Sarajevo buscando
un testigo es por lo menos exagerado y también reiterativo. Es una
secuencia equivalente a lo que ya se vio y entendió. No agrega nada al
filme y eso es cuestionable.
Lo
que el director evitó con el personaje de Bebe - caer en la simple
denuncia o lo que es peor intentar cierto mensaje - aparece con este
viaje.
No
obstante, a favor de Guédiguian podemos
decir que la objetividad en el cine es - por lo menos - un valor
ambiguo. La cuestión no pasa por elegir entre compromiso o
entretenimiento sino por permanecer fiel a una convicción, ser auténtico.
El filme de Guédiguian lo es.
Gustavo
Camps
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