A
principios del siglo XVII la pintura era privativa de los hombres, salvo
por los pocos retratos o naturalezas muertas que, entre bordado y
bordado, practicaban algunas mujeres.
Sin
estridencias, narrando
correctamente pero también sin permitirse algún tipo de puesta más
allá de lo usual, Agnés Merlet cumple el objetivo de contar
la historia de Artemisia.
La
joven pintora italiana Artemisia Gentileschi, una adolescente de 17 años
cuya pasión primigenia fue pintar cuerpos desnudos.
Con
el énfasis puesto en la fotografía, el decorado y el vestuario
corresponde la pregunta sobre lo lineal del
guión: ¿No valía la pena una mayor inversión creativa para este
adelantado personaje?
Volvamos
a la historia.
Su
padre - Horacio Gentileschi - la proveyó de técnica, la hizo su
asistente (también aprovecho las dotes artísticas de Artemisia) y la
recomendó a Agostino Tassi, uno de los maestros de la perspectiva.
La
película de Merlet narra el romance entre la joven y Tassi, su maestro,
y también muestra la pasión de la artista por el arte y su
imposibilidad con otra forma de expresión que la pintura.
Dentro
de la gramática propia de
los filmes de época el filme de Merlet
parece contener la premisa de que ciertas imágenes por si mismas
pueden lograr un filme interesante.
A
la pregunta de más arriba se puede responder que valía la pena también
ahondar en este personaje descolocado para su época.
Artemisia
recibió el premio de la OCIC (organización católica de cinematografía)
en el Festival de Mar del Plata de 1997 y cuatro nominaciones
posteriores en otros festivales.
Gustavo Camps
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