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AMERICAN BEAUTY


American Beauty: Annette Bening & Kevin Spacey
Belleza americana
American  beauty
1999
Color, 115
EEUU
Dirección: Sam Mendes
Guión: Allan Ball
Montaje: Tariq Anwar
Música: Thomas Newman
Fotografía: Conrad L. Hall ASC
Vestuario: Julie Weiss
Elenco: Kevin Spacey, Annette Bening, Thora Birch, Chris Cooper, Allison Janney, Wes Bentley, Peter Gallagher, Mena Suvari
 


Los Burnham son una familia típica norteamericana. Podrían ser los Simpson o la de Yo quiero a Luci, en los sesenta. Pero algo ocurre en la cabeza de papá Lester Burnham que decide tirar por la borda sus principios de ciudadano medio norteamericano. Deja el trabajo, inicia ejercicios aeróbicos, vuelve a los porros de la adolescencia, en fin, deja de ser útil al sistema;  pero no entremos en pánico que no es para tanto.

Hacia el final de American beauty hay una escena que desenmascara el verdadero alcance de este filme: el renovado papá Lester, cuarentón él,  esta a punto de hacer el amor con una bella y adolescente (Mena Suvari) amiga de su hija, pero se abstiene cuando la chica le avisa que es su primera vez.

Esta escena marca el límite, indica el lugar hasta donde es capaz de llegar - y no pasar - una industria que para subsistir necesita apuntalar cada vez más las instituciones que la hacen posible.

Esto es lo máximo que nos puede ofrecer hoy el cine institucional. No en vano American beauty - que dicho sea de paso es la opera prima de Sam Mendes, un reconocido director teatral - ha ganado tres globos de oro y se anuncia como una de las películas de la industria  que se alzará con varios Oscars. De hecho, tiene candidaturas a mejor actor y actriz (Spacey y Bening), mejor película, mejor director, mejor fotografía, mejor  guión original y mejor edición.

American beauty es un filme  políticamente correcto - progre - que nos invita cordialmente a participar de un sistema totalizador, por no decir totalitario, con fallas pero único.

Para decirlo en términos argentinos: para ser feliz no hay que sacar los pies del plato. 

El ejemplo preclaro es papá Lester. No es casual - y en el filme se avisa desde la primera escena, por eso lo adelanto - que Lester termine con los pies para adelante. 

La verdadera heroína de esta película es Carolyn (Annette Bening), su esposa. Una vendedora de inmuebles que con la ayuda de cassetes de autoayuda sostiene con uñas y dientes su familia, su trabajo, sus relaciones (laborales todas). Si ella muere se cae el sistema.

Las otras cuestiones del filme - el militar pro nazi (Chris Cooper), su hijo Ricky (Wes Bentley) enredado con la hija de los Burnham (Thora Birch), los flirts de Ms. Carolyn con el rey de las propiedades - giran alrededor de lo que pasará con Lester. 

Desconfío de las bellezas de este filme, de su ritmo logrado a lo largo de dos horas, de la muñeca del director para sostener a los personajes, de su discurso supuestamente progresista. Desconfío de este filme de la misma manera en que desconfío de la eficiencia y los buenos modales  con que el vendedor de seguros me invita a leer la letra chica del contrato, donde dice que la empresa no cubre mi reclamo.

Gustavo Camps


Belleza americana, una visión irónica

Desde el corazón de Hollywood llega una visión irónica y contestataria del sueño americano; dramáticamente, pero también con sutiles toques de humor, trasmite un mensaje claro y optimista: esta vida, que puede parecernos estúpida o terrible, vale la pena vivirse. 

Es un pensamiento  atemporal cargado de felicidad. Lo común y extraordinario  de este sentimiento es que puede surgir en el momento menos pensado y aún en el corazón del ser más anónimo y gris. 

Las circunstancias del destino  nos pueden conducir   inesperadamente a la toma de conciencia, aunque sea por un instante, sobre la belleza del mundo que habitamos y que nos habita, pero además, a sentir gratitud por haberlo experimentado.

American beauty
Un sueño que bien podría ser realidad

Sólo es necesario salir del vértigo de las estructuras sociales, reflexionar sobre las auténticas necesidades y recordar simplemente que aquellos días felices   aún  son posibles de revivir.

Lo que me resultó inmediatamente asombroso de esta excelente película es que sea una ópera prima ; aunque   Sam Mendes ya es reconocido como un talentoso director teatral  ¡qué bien   se adaptó al lenguaje fílmico!.

 Además, lo genial es que un tema  como el referido al ser, propio de antiquísimas religiones, se muestra absolutamente desacralizado y bajado a lo doméstico. Así configurado resultará comprensible para todos.

La atmósfera de sinceridad y de explosión de libertad que los personajes  logran recrear está  asociada  a  la credibilidad de las actuaciones, a un texto diáfano y a una dirección de arte exquisita y sensual  que juega constantemente con la mítica imagen de la belleza ya registrada como propia por la industria cinematográfica hollywoodense y, ¡oh  casualidad!,   puesta como el motor inicial de la historia. Ella será  el deseo más preciado  a poseer, para  luego muy dulcemente renunciar.

Quizás podríamos hablar de un Nuevo Sueño Americano, pero ahora verdaderamente accesible a todos.

El secreto parece ser simplemente  saber direccionar   nuestros sentidos, el director señala hacia nuestro interior.

Armando D´Angelo

 

 
 

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