| Afiches del Museo del Cine: un
patrimonio |
face="Verdana"La
primera versión impresa de la colección de
afiches del Museo del Cine Pablo Ducrós
Hicken vio la luz en enero de este año con
la edición de un calendario que incluía la
selección de trece imágenes.
face="Verdana"Parte
de la colección tomaba contacto con el
público,
así Crónica de un niño solo, Camila,
Rosaura a las diez, Prisioneros de la Tierra
entre otras acompañarán mes a mes este
primer año del siglo XXI.
Esa
salida corregida y aumentada se reanuda hoy
a través de este catálogo que recoge 60 imágenes de la colección y
acompaña la muestra a realizarse en el Abasto en
el marco del III Festival de Cine
Independiente, evento que cuenta con la
participación del museo a través de
diversas actividades.
En
el fetiche de una afiche de papel se vende
la ilusión se rifa el corazón dice
el tango, estos fetiches del cine argentino
cuentan de esos desvelos, deseos, ilusiones a la
vez que constituyen un registro gráfico
valioso de nuestra cinematografía cuya
protección es tarea de todos.
Al museo, y especialmente a su director el Sr.
David Blaustein nuestro agradecimiento por
su preocupación constante y la firme
convicción en la necesidad de abrir este
espacio a la comunidad generando una ligazón
memoria ciudadana-patrimonio fílmico-protección
cinematográfica, tarea que está
resignificando día a día la presencia del
museo del cine en el contexto de la oferta
cultural.
face="Verdana"Cine
un museo en movimiento es la consigna del
Ducrós Hicken redefinido por Blaustein.
Esta propuesta editorial y las sucesivas darán
cuenta del compromiso en ese movimiento
permanente, en esa búsqueda por un museo
dinámico, generador de sentido de
pertenencia, difusor de nuestro patrimonio
como eje de construcción de la memoria
colectiva.
face="Verdana"Mónica Guariglio
Directora General de Museos
Vía
pública, puertas de cines, lugares
privilegiados de shoppings, cuartos de
adolescentes, festivales internacionales,
casas de cinéfilos, mercados del film,
bauleras de coleccionistas, cinematecas.
Variados
e inimaginables pueden ser los destinos de
los afiches. Pero pocas las oportunidades
para verlos así. Juntos, colectivamente.
Formando parte privilegiada de la historia
de nuestro séptimo arte.
Testimonio
inseparable de un fenómeno de cuya
existencia el afiche da presencia y
evidencia cada vez que una nueva película
se estrena.
Arte
autónomo de cualidades propias cuya
existencia aún no descubre la presencia de
artistas, diseñadores, fotógrafos,
fotocromistas, imprenteros, fijadores de vía pública
y arregladores de marquesinas, en una gama
de oficios dignos de ser reinvindicados.
Su
sóla presencia en una muestra exclusiva
ratifica la percepción de pertenencia, la
existencia de una identidad, la reafirmación
de nuestro cine como excepcional arte
industrial.
Su
recorrido en una muestra o la consulta de
este catálogo remitirá necesariamente a
recuerdos, favoritismos, galanes, diosas y
emociones.
Arte
y recuerdo el sentido de la presente
publicación.
David Blaustein
Director del Museo del Cine
“Pablo C. Ducrós Hicken” de la
Argentina
El
Instituto Nacional de Cine y Artes
Audiovisuales quiere felicitar y agradecer
al Museo del Cine por tan inconmensurable
aporte a la historia y la memoria del cine
argentino.
Es
la primera vez que podemos apreciar un
registro gráfico de afiches que reúna
tantos años de la historia del cinematografía
argentina.
Lo
más importante del cine es haberse
convertido en una suerte de compendio de la
experiencia humana.
Compilar,
conservar y analizar los materiales que
derivan de la obra cinematográfica:
carteles, afiches, preesbooks, guiones y
fotografías fijas sirven para indagar en
los sistemas de representaciones sociales
que emanan de las distintas tradiciones,
escuelas o movimientos cinematográficos y
evaluar su peso en la constitución del
imaginario y las mitologías colectivas.
Una
vez más, gracias y felicitaciones.
Dr.
José Miguel Onaindia
Director
Nacional del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales
El
Instituto Nacional de Cine y Artes
Audiovisuales quiere felicitar y agradecer
al Museo del Cine por tan inconmensurable
aporte a la historia y la memoria del cine
argentino.
Es
la primera vez que podemos apreciar un
registro gráfico de afiches que reúna
tantos años de la historia del cinematografía
argentina.
Lo
más importante del cine es haberse
convertido en una suerte de compendio de la
experiencia humana.
Compilar,
conservar y analizar los materiales que
derivan de la obra cinematográfica:
carteles, afiches, preesbooks, guiones y
fotografías fijas sirven para indagar en
los sistemas de representaciones sociales
que emanan de las distintas tradiciones,
escuelas o movimientos cinematográficos y
evaluar su peso en la constitución del
imaginario y las mitologías colectivas.
Una
vez más, gracias y felicitaciones.
Dr.
José Miguel Onaindia
Director
Nacional del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales
Dr.
José Miguel Onaindia
Director
Nacional del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales
La
historia del afiche cinematográfico – más
que publicidad, invitación a soñar – se
remonta a los orígenes del cine mismo, como
un medio de comunicación simple, popular y
directo. Su mensaje puede ser solamente
informativo o bien incluir elementos
persuasivos, provocativos o tentadores y, tanto su evolución formal como la
de sus contenidos, ha sido determinada por
los contextos sociopolíticos o económicos
de cada época, por las grandes corrientes
artísticas, así como, por la evolución de
la industria cinematográfica en sí misma.
No es en vano que movimientos como el
expresionismo alemán o el surrealismo, así
como la Revolución Soviética y, en los años
sesenta, la Revolución cubana, la nouvelle
vague, la corriente estética polaca o el
arte pop, resulten sus momentos más
creativos.
En
los primeros afiches de los hermanos Lumiére
vemos al público sentado frente a la
pantalla; claro, el espectáculo en sí
mismo era el objeto de atención. Pasada la
primera época de registros documentales, la
aparición del cine de ficción traslada el
objeto a los contenidos temáticos y
contextuales que permiten acceder
inmediatamente a los contenidos del film.
Luego, con la aparición del star-system, el
objeto es la estrella y ellos se convierten
en el tema central de los carteles, dejando
en segundo plano los contenidos. Con la
aparición del cine de autor y el arte pop,
desde la década del sesenta, la atención
se centra en el realizador, en el film mismo
y, también, en el diseño estético del
cartel. Más tarde, todos estos elementos se
alternan o superponen según los diferentes
tipos de expresiones cinematográficas,
resaltando los elementos más vendedores de cada
producción en particular.
En
nuestro país, el afiche ha seguido una
evolución similar y, en muchos casos, son
el único vestigio de muchos de films que
publicitaron. Con su estilo de dibujos
realistas con colores intensos y trazos
firmes, Osvaldo Venturi es, quizás, el más
destacado de los afichistas argentinos; a él
pertenecen los carteles de algunos de
nuestros grandes clásicos, como Las aguas bajan turbias o Prisioneros de
la tierra.
Otros creadores dignos de mención en la
historia de nuestros afiches son: Antonio
Marchisio, Narciso Bayón, Mario Paciarotti,
autor del excelente cartel de Cita
en la frontera,
Ermete Meliante, caricaturista de fuste, el
dibujante y diseñador RAF (Rafael A.
Faillace), quien logra plasmar su concepto
abstracto en La
cifra impar.
También, debemos nombrar a otros
particulares creadores como González Ruiz, Oñiverta (seud-
Treviño), Rodolfo Hogipete, autor del
afiche de Tango!,
Parenti, Orió, Mezzadra, Spadafino o Lino
Palacio, entre otros.
Mediante
dibujos, fotomontajes o diseños abstractos,
los afiches invadieron los espacios urbanos
para invitarnos a reír con Chaplin, Keaton,
Niní o don Luis Sandrini, a buscar el arca
perdida con Indiana Jones, acompañar los
penurias de los mensues de Soffici, llorar
con Libertad Lamarque o Joan Crawford,
admirar las exquisitas imágenes de Luchino
Visconti o las construcciones estéticas de
Orson Welles, bucear en las profundidades de
Bergman o de Torre Nilsson, enfrentarnos con
el espejo de nuestra propia historia de la
mano de Lucas Demare o de Luis Puenzo o
abstraernos en las complicaciones de un
policial.
Y,
aún hoy, pese a la existencia de otros
medios publicitarios quizás más invasores,
apreciamos el afiche cinematográfico por
sus valores afectivos y evocadores de aquellos momentos en que, sentados en la sala
oscura, frente a la pantalla grande, reímos,
sufrimos y soñamos.
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