Pese
a que en la ex URSS el filme estuvo congelado porque los censores vieron
en él cierta advertencia ecologista, en rigor, Adios a Matiora contiene
mucho más que un planteo verde.
El
filme de Klimov enfrenta a sus personajes con una tragedia cultural.
Matiora
era una isla situada en la parte central de Rusia en medio a un gran río,
pero como la Higueras de Las Huellas Borradas (Enrique Gabriel), será
inundada para facilitar la construcción de un embalse.
La
madre tierra ofrenda su sacrificio en aras del progreso. Esa es la
tragedia de los habitantes de Matiora.
No
es casual que el conflicto se dispare cuando unos empleados pretendan
usar sus palas contra el cementerio de la aldea; contra los ancestros,
contra lo más tradicional.
La
narración del filme se apoya en escenas de gran energía provista por
las actuaciones, una marca del cine ruso, pero además en ingredientes
alegóricos (la escena en la que sus hijos buscan en la tiniebla del río
a Daria, una vieja que nació en Matiora y allí vió nacer a sus
nietos, es potentísima).
Matiora
también es una puesta coral porque muestra cómo los personajes de la
nueva y de la vieja generación viven el destierro, los jóvenes
adelantando el fin, los viejos aferrándose al lugar hasta el último
momento.
El
fuego, que en tantas puestas ha servido para purificar, oficiará aquí
la irrevocable desaparición de Matiora.
La
historia de este filme también merece algunas líneas.
El
libro es la adaptación de una novela de Valentin Rasputin realizada por Larisa Sheptiko (1938), cineasta formada en la
principal escuela soviética de cine (VGIK) que fuera censurada en 1967
por un corto sobre la revolución bolchevique. Sheptico falleció en
1979 antes de comenzar el rodaje de Adios a Matiora. Fue su marido Elem
Klimov - el director de Rasputin, agonía de un imperio -
el que concluyó el proyecto.
Klimov
tampoco era bien visto por la censura oficial; el filme llevó varios años
archivado: tema y director disgustaban a los censores. Finalmente tras
la realización de Venga y vea (Idi i smotri 1985), una épica sobre las
atrocidades nazis en Bielorrusia, Klimov conquistó nuevamente la simpatía
de los burócratas y Adiós a Matiora salió de su letargo.
Gustavo
Camps
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