Premio
especial del Jurado Oficial
Mejor
Película FIPRESCI
Segunda
mención OCIC
En
un lenguaje sencillo este filme ahonda en los sensibles años de la
infancia de un par de amigos inseparables.
Lamentablemente
para sus vidas tropiezan con adultos que reproducen en ellos un mensaje
esquizofrénico.
Por
un lado les exigen el culto y la práctica de la verdad y la virtud.
Pero en sus conductas ejemplifican lo contrario.
Los
niños como testigos reflejan perplejidad e indignación.
El
resultado consecuente que el director ensaya como posible es el
surgimiento de una personalidad violenta y antisocial.
Es
el relato del intento de diálogo y el del encuentro de dos
generaciones. De los deseos más optimistas y de las frustraciones más
amargas.
Es
un filme didáctico en un aspecto. Parece decirnos o advertirnos sobre
las precauciones, los cuidados y la atención que debemos tener en
cuenta cuando nos relacionamos con amores. Los personajes son seres
extremadamente sensibles y resulta alevoso imponer sobre ellos un
criterio de autoridad sin una base afectiva.
Resulta
patético ser testigo del instante en que un destino se malogra. Cuando
un niño que se obsesiona con la luz y sus manifestaciones, ve en las
actitudes de su padre lo más oscuro del ser humano.
Armando
D´angelo
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