La
puesta de este par de cineastas argentinos que se iniciaron en el campo
de la publicidad retrata de
manera descarnada el estereotipo del chanta argentino, en rigor, el típico
porteño vivo que está de vuelta e, invariablemente, vive dispuesto a
conseguir ventajas por izquierda.
A pesar
de lo que se crea, el 76 89 03 del título no hace referencia a un
salvador número de teléfono o de billete de lotería, sino a los años
1976, 1989 y 2003.
En esos
años, tres típicos argentinos, de
chicos cada cual por su lado y de
grandes como amigos, se desvivirán por cumplir dos preciadas metas del
macho argentino: realizar sus fantasías sexuales con la modelo del momento
(Wanda Manera, en este caso) y hacer plata rápidamente y sin trabajar.
Aunque
se exageran hasta la teatralidad las características de los personajes,
este retrato y el trabajo sobre el mito de la modelo top que vende sus
favores sexuales, es
lo más rescatable de este filme en tono de comedia que abusa del
registro oral y de escenarios teatrales demasiado prefabricados.
Por
otro lado, es ambigua la construcción de ciertas alegorías sobre los años
en los que transcurre la puesta, lo que
presupone pocas ganas de asumir riesgos. Se nota que ambos
directores vienen de la publicidad y saben como vender sin espantar al
cliente, o al espectador en este caso. Nos referimos al motivo del automóvil
Torino de cuyo origen no se puede hablar en el 1976 (¿refiere a las
desapariciones durante la última dictadura militar?), o la escena del
robo de dólares en plaza Francia en 1989 (¿remite la feroz especulación
en la época de la hiperinflación?), o las patillas a lo Carlos Menem
(ex presidente justicialista) que uno de los personajes lleva en el 2003
(¿recuerdan el enfermizo apego al poder que demuestra día a día tener
este político?).
Más
allá de las objeciones hay que reconocer que la narrativa del filme es
original en el contexto actual del cine argentino, a pesar de que la
puesta no logra la emotividad y la síntesis de películas como Mundo Grúa,
de Pablo Trapero, o Garage Olimpo, de Marco Bechis.
Gustavo Camps
|